Adiós a mis genes

Soledad Expósito, psicóloga especializada en Fertilidad.

Buscar un hijo a través de un tratamiento de fertilidad con donación de óvulos o espermatozoides implica dar un paso emocionalmente muy importante: renunciar a la idea de que ese hijo lleve mi carga genética. ¿Cómo se transita el duelo genético?

Que la vida te ponga enfrente la dificultad para tener hijos es, por sí solo, un golpe muy difícil de asumir y sobrellevar. Y si además, con el paso del tiempo y la consulta con especialistas en fertilidad, te enterás de que la búsqueda de ese bebé deberá realizarse con la ayuda de un tercero, un donante de óvulos o semen, la situación es mucho más complicada.

Si bien las técnicas de Fertilización in Vitro como la ovodonación o la donación de esperma aumentan las chances de lograr el embarazo, para quien tiene que someterse a ellas no solo implica tomar la decisión teniendo en cuenta esa ventaja. Lo más difícil será renunciar a la idea que tenían de un hijo con la genética de ambos, o con la propia, si se trata de una mujer sola u hombre solo.

Aparecen muchas emociones, miedo, dolor y dudas, que deberán ser elaboradas, respondidas y asimiladas antes de tomar la decisión.

Dolor por el hijo que uno creía que iba a llegar, y que llegará, pero de otra manera.

Miedo a cómo será la relación con ese hijo: ¿lo querré igual? ¿me querrá si lo sabe? ¿cómo tenemos que manejar la información con ese bebé? ¿y mi familia, lo aceptará?       

Todo esto forma parte de una reacción que los psicólogos que trabajamos asistiendo a estas personas llamamos “duelo genético”.

 

Tramitar la desilusión

Un duelo es un proceso de adaptación y reestructuración frente a una pérdida. Es un proceso normal y esperable frente a algo con lo que contábamos y ya no está, o que creíamos que iba a ser de un modo y sabemos que no será así.
El duelo lleva un tiempo, y cada persona lo procesa a su modo.

Es necesario que antes de tomar la decisión de realizar el tratamiento, hayan tramitado la desilusión que esta situación les ha generado y hayan elaborado el duelo por el hijo ligado genéticamente que no vendrá.  

Y para ello es fundamental que cuenten con el acompañamiento psicológico, no solo para elaborar dudas y temores actuales, sino también para adquirir recursos efectivos para enfrentar situaciones futuras vinculadas con esta manera diferente de formar una familia.

Procesar el duelo significará, entonces, haber aceptado y comprendido que no se es menos padre/madre, o menos hijo, si no hay genes que los unan; que la genética no determina todo, y que es en el amor y en el ejercicio de una función donde se alimentan los vínculos.  

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