Diario de una embrióloga

Por Dra. Marcela Cullere. Embrióloga clínica. Especialista en Investigación médico-biológica

Ayer por la mañana realicé una aspiración folicular (procedimiento a través del cual, una vez estimulados los ovarios, se extraen todos los óvulos para luego realizar un tratamiento de fertilización in vitro). Afortunadamente obtuve varios óvulos. Cuando el médico se fue le dije que se quedara tranquilo, se veían lindos y tenía la certeza que a esa paciente le iba a ir muy bien.

Los inseminé a mediodía. En palabras más simples, inseminar los óvulos es conseguir que se unan con los espermatozoides a través de técnicas de laboratorio. Todo salió perfecto: cada uno recibió un espermatozoide (el más lindo que pude encontrar en la muestra).

Ahora debo chequear cuántos fertilizaron.

DÍA 1

Son las ocho e ingreso al laboratorio. El sentimiento de cada mañana es el mismo: una mezcla de ansiedad, curiosidad, preocupación y alegría. “Vamos a ver cómo les fue”.

Y entonces comienza el viaje:

Saco la placa de cultivo de la incubadora y la llevo al microscopio. Lo hago con cuidado, con la mano por debajo para evitar que se enfríen, protegiéndolos de todo lo que pueda hacerles salir de su delicado equilibrio. Y ese momento es ¡el momento de la verdad! ¿Cuántos óvulos fertilizaron? es decir, cuántos se unieron correctamente con su espermatozoide? ¿Cómo se ven? Registro todo, los vuelvo a guardar. Todo tiene que ser rápido, pero cuidadoso y, al mismo tiempo, preciso.

Faltan algunos cuidados más: cambiarlos a una placa de cultivo nueva para que tengan todos los nutrientes que necesitan, chequear que la temperatura de la incubadora sea la correcta, verificar que todo funcione bien, y contarle al médico los resultados.  Mañana los volveré a ver. “Hasta entonces, chiquitines”.

DÍA 2

Hoy empezaré a conocerlos más y a saber cuáles van a ser los elegidos para ser transferidos al útero, o congelados. Algunos (o todos, si tenemos suerte) van a seguir su desarrollo hasta el estadío de blastocisto, en el quinto día; y otros lamentablemente no.

Entonces miro cómo se dividieron, cuántas células tienen, cómo son esas células. Analizo si son simétricos, si están fragmentados, si son armónicos o si están desorganizados. Todas las características son importantes, todas me dicen algo, todas me permiten saber cómo están y predecir cómo van a seguir.

-"Ojalá tengamos buena suerte, ojalá podamos agrandar una nueva familia".
 

DÍA 3

Hoy se define casi por completo la historia. Podré saber con mayor probabilidad cuáles tienen chance de “llegar a blasto” y cuales probablemente no.

Vuelvo a abrir la incubadora y vuelvo a llevarlos al microscopio. Ahí están, vuelvo a registrar todas sus características: número de células, color, forma, grado de fragmentación. Ya identifiqué cuales son los óptimos. Ya sé que tenemos la chance de lograrlo. Llamo al médico, le cuento. ¡Buenas noticias para todos!

-"Nos veremos en dos días. ¡Si todo sale bien, Vamos a transferir un blasto!”
 

DÍA 4

Hoy no los observo. Ellos deberían estar preparándose para empezar a diferenciarse, a expandirse, a tomar forma.

Hoy solo entreno la paciencia. ¡Pero no me quedo quieta! Debo coordinar horarios con el médico y la paciente, dejar todo listo, preparar placas de cultivo y material para la transferencia de mañana. Todo debe quedar planificado y preparado cuidadosamente. Como siempre, los detalles hacen la diferencia.


DÍA 5

Hoy termina mi misión de cuidar a estos embrioncitos (y sí, puedo decir que los embriólogos somos los primeros niñeros). Hoy uno va a ser transferido al útero y el resto va a ser preservado.

Abro la incubadora, los llevo al microscopio. ¡Lo lograron! Con mucho orgullo por mi trabajo, el de todo el equipo y el de los pacientes, sonrío. Tenemos al menos un blasto para transferir.

Mi objetivo está casi cumplido. Sólo resta llevar a uno de ellos hasta su destino final: el útero. Se termina la transferencia cuando le aviso al médico que está todo bien. Esto significa que todo salió correctamente y la paciente ya puede irse con una esperanza creciendo en su interior.

-"Buena suerte, chiquitín. Ojalá vuelva a verte envuelto en una manta blanca y en los brazos felices de tu mamá o tu papá".

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