¿Quién va a ser el padre?

Por Soledad Expósito, psicóloga especializada en Fertilidad.

No imaginan cuán frecuente es esta pregunta entre parejas que realizarán un tratamiento de fertilidad con donación de semen o de óvulos, como si la maternidad o la maternidad estuviesen definidas solo por el aporte genético.

En este sentido, las primeras respuestas que puedo ofrecer son, en realidad, más preguntas: ¿quién quiere ser el padre, o la madre?, ¿quién desea un hijo?, ¿quién quiere animarse al reto de la paternidad y la maternidad?

Pero ese “¿quién va a ser el padre? o ¿quién va a ser la madre?” esconde, la mayoría de las veces, la duda de si deben o no revelar a sus hijos su origen genético.

Son muchas las razones por las cuales una enorme cantidad de estas parejas cree que lo mejor es callar. Voy a nombrar solo algunas:

        -   Porque piensan que quien no aporta sus óvulos o sus espermatozoides va a tener poco o nada que ver en la construcción del carácter y la personalidad del niño, ya que deducen que esto se trasmite solo genéticamente.

-   Porque tienen miedo de generar problemas psicológicos a su hijo o que ese hijo los quiera menos, o desee algún día conocer a sus “verdaderos progenitores”.

-   Porque piensan que el niño cuestionará el rol de padre o de madre.

-   Porque temen que, al conocerse la verdad, ciertos grupos de personas traten a su hijo de modo diferente.

-   O simplemente porque consideran que no hay razón para contar nada, porque ellos son los padres.

¡Pero claro que ellos son los padres, nadie más que ellos lo son! Ellos lo desearon, batallarán sin descanso hasta tenerlo, lo amarán desde el día uno, y se animarán a todo para darle lo mejor.

Y por esto mismo deben saber que una relación sana, una relación de amor y confianza se construyen con la verdad. Siempre, SIEMPRE, contarlo es el camino correcto.

Hay una tendencia mundial hacia la apertura. En primer lugar, por aspectos éticos: todos tenemos derecho a la identidad, a conocer nuestro origen. En segundo lugar por razones psicológicas: el ocultamiento trae consecuencias en el desarrollo psíquico del niño y en la vinculación familiar. En tercer lugar, por cuestiones médicas: es importante que los profesionales de la salud que atenderán a ese niño a lo largo de su vida sepan acerca de su origen genético.

El poder de un secreto

Quien tiene un secreto tiene un poder sobre el otro. Existe un acuerdo respecto a los daños producidos por el secreto. En este sentido, ya no hay dudas sobre la importancia de contarle al niño sus orígenes.

Porque es un derecho del niño para construir su identidad; porque le permite asumir la realidad que le toca; y, fundamentalmente, porque todo vínculo se construye en la confianza.

Los niños concebidos por técnicas de reproducción son muy deseados y esperados, y eso también es parte de su origen.

Cuándo y cómo decirlo

  -   ¿Cuándo decirlo?

Siempre, desde siempre. La primera oportunidad es a los 3 ó 4 años, cuando los niños empiezan a preguntar sobre la sexualidad y sobre el origen. A esa edad están incorporando el mundo y no juzgándolo.

  -   ¿Cómo decirlo?

Dar información clara teniendo en cuenta tres aspectos: capacidad de comprensión del niño de acuerdo a su interés y edad.

Buscar ayuda y apoyo en psicólogos de niños es una buena alternativa.

  -   ¿A quién decírselo?

Entre el secreto y la apertura total, está la PRIVACIDAD y la INTIMIDAD. Si el secreto es con el niño, es mentirle. Si el secreto es con el entorno, es cuidar privacidad y la intimidad de ese niño.

  - ¿Quiénes deberían decirlo?

Sus padres, siempre.


Piensen por un momento en cuánto les molesta que sus amigos, sus familiares o quien sea les mienta o esconda información importante para ambos. ¿Por qué entonces le mentirían ustedes a sus propios hijos?

 

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